29 nov. 2014

Experiencia NaNoWriMo 2014

¡Hola, hola! Ya sé que tengo esto muertísimo (yo ya avisé) pero vengo a dejar plasmada mi experiencia con el NaNoWriMo 2014. Estoy segura de que todos sabéis que participaba porque he estado pesadísima durante todo el mes con esto; pero por si alguien no se ha enterado, el nano consiste en escribir una novela de 50.000 palabras en un mes (¡noviembre!). En mi caso, era la segunda vez que lo intentaba, pero esta era la primera vez en que realmente iba en serio, con intención real de conseguirlo.



Y lo he hecho. De hecho, acabo de cuadrar el cupo de las 50.000 palabras hace pocos minutos, aunque la historia ya la terminé ayer. Ese ha sido uno de los obstáculos que me he encontrado por el camino: ¡acabar la historia antes de tiempo y no tener manera de rellenar el número de palabras que me faltaban! al final he decidido hacer una pequeña precuela de la historia, que no formará parte de la oficial, o sí, pero que molestar no molesta.

  

Este es mi gráfico del mes. Ya se ve a simple vista que he ido rozando el límite de cada día, pero también que he sido bastante regular (??) porque sabía que, si no cumplía cada día, me sería muy difícil recuperarlo. Me cuesta un montón escribir, y las 1666 palabras se me han hecho duras, pero bueno. Al final he encontrado la manera de, más o menos, conseguirlo: en cápsulas de 100 palabras. Escribía 100 palabras, descansaba dos minutos, volvía con 100 más, y poco a poco el marcador iba subiendo y me motivaba. Soy de esas que iba actualizando el número a cada 50 palabras sólo por el placer de ver cómo subía la barra. Había días en los que estaba cansadísima pero igualmente me obligaba a quedarme hasta altas horas de la madrugada escribiendo, arrancándome palabras y escenas que ni siquiera importaban, sólo por la determinación de seguir adelante. Los días que tenía la mañana libre para escribir eran los mejores, porque podía dividirme el trabajo entre la mañana y la tarde, que es cuando suelo escribir.

Lo bueno: nunca pensé en abandonar ni creí que no lo conseguiría. Si hubiera sido así, si hubiera tenido la más mínima duda, hubiera tirado la toalla (porque soy como soy). Creo que lo que me ha permitido escribir esta historia ha sido que no me la he tomado en serio. De hecho, ya dije desde el principio que no la consideraba ni siquiera una novela, sino un ejercicio de escritura: y eso es lo que ha sido. No la he releído ni creo que lo haga, pero sé que es irregular, está llena de repeticiones y, en fin, no tiene que digamos una gran calidad. Pero en cambio me ha servido para mejorar muchísimo mi ritmo, que es lo que quería y necesitaba. 

También ha sido mi primera experiencia con el método "brújula", es decir, escribr sin tener nada planificado. Cuando la empecé sólo sabía que se trataba de un viaje hacia el norte y que el escenario era más o menos postapocalíptico; que no era una historia realista y que estaría llena de metáforas que ni siquiera yo entendería, además de que haría un montón de crossovers con mis personajes de otras historias (receta que convierte Las personas tristes en una historia que sólo yo puedo entender de verdad, y ni del todo). Tenía el nombre de los dos protagonistas, y ya está. Nada más. El resto ha venido solo, por necesidad o con la ayuda de los condicionantes del reto del foro de LGG, que me han sacado de más de un apuro.

Y bueno. Hecho está. ¿Repetiré la experiencia? No lo sé. Ahora me siento satisfecha y orgullosa, pero no me veo capaz de seguir escribiendo tantas palabras al día, y menos sin una historia de este estilo, que me deje tanta libertad para moverme como quiera. Tampoco sé si me apuntaré al nano del año que viene. Queda mucho. Si tuviera que decidir ahora, creo que diría que no. No porque no me haya gustado la experiencia (ha sido genial y he aprendido un montón y qué demonios, acabo de terminar mi cuarta historia) sino porque... No estoy hecha para trabajar tanto, ni de esta forma.

Pero bueno.
Lo conseguí; al igual que Emil y Briseida, he llegado al final del viaje.



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